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martes, 28 de septiembre de 2010

Tradición oral, literatura y filosofía en las Jornadas

María Cristina Epullán es docente, psicologa social y psicodramatista. Lucrecia Reta es docente e Investigadora en la Universidad Nacional del Comahue. Los dos encaran el tema de las contadas y nos proponen detenernos en los relatos de ciertos habitantes de la Patagonia que constituyen un audible y vivificante conjunto de narraciones orales.

La mirada que traerán a las Jornadas es la que provee un ejercicio de etnografía activa.

En la casa de don Antonio o en la cocina de la abuela Elvira, Lucrecia y Cristina se preguntan (nos preguntan): ¿Cómo surge el contar? ¿A qué grupo humano pertenecen estos narradores? ¿Son los suyos relatos fantásticos? ¿Quiénes los habitan?

A tono con la propuesta, nos imaginamos una cálida escucha de esta presentación que sus autoras titularon: "La contada. Del witranalwe a la fronteriza".

Por su parte, la colega Susana Paponi, docente de la Facultad de Humanidades de la UNC e integrante de su Centro Estudios en Filosofía de la Cultura, será otra de las participantes en nuestras Jornadas.

Susana cree que “Ensayar es ensanchar” y vendrá a hablarnos de la experiencia del “había una vez”, en su campo disciplinar.

La Filosofía –uno de los artefactos culturales de Occidente- se nos ha presentado tradicionalmente como un procedimiento original y autónomo para hacer pensables las fuerzas impensadas que determinan el pensamiento.

Por tanto, la tarea siempre se inicia con la pregunta: ¿Qué es esto?” y siempre, también, busca remitir a la autoridad de la Verdad.

Así pensada, la Filosofía postula la Verdad como principio que lleva a la unidad o bien a la Verdad como Unidad. Esta es la Fantasía dictatorial.

Sin embargo, desde Nietzsche, o quizás desde mucho antes con Heráclito, la Filosofía es ficción; es literatura o no es nada. Es relato acerca de “esto que somos y lo que nos hace ser lo que somos” y ello no puede relatarse sino en tanto y en cuanto Fantasía creativa, a partir del “Había una vez…”.

De modo que la intención de esta participación en las Jornadas es conversar acerca de la Fantasía como experiencia filosófica o bien, de la Filosofía como experiencia fantástica.

Por último, digamos que Cecilia Boggio hablará de literatura. A partir de "El sentimiento fantástico", de Julio Cortazar, nos contará qué se entiende por literatura fantástica.

En ese marco, Cecilia establecerá las diferencias entre el fantástico tradicional y el neofantástico y revisará algunas propuestas teóricas para ejemplificar con textos de distintas épocas y diversos autores.



SI AUN NO ENVIASTE LA FICHA DE PRE-INSCRIPCION, TE RECORDAMOS QUE PODES BAJARLA DE ESTE MISMO BLOG. TE ESPERAMOS.

miércoles, 25 de agosto de 2010

¿La realidad se copia o la fantasía es visionaria?


¿Será que la realidad toma conceptos de la fantasía?

¿O acaso la fantasía anticipa a la realidad?

En los artefactos culturales encontramos muchas muestras que pueden leerse en ambos sentidos.

En 1966 la primera saga de “Viaje a las estrellas” mostraba unos adminículos singularmente parecidos a los actuales teléfonos celulares. Mientras tanto, Spock trabajaba en su computadora introduciendo unas tarjetas cuadradas que anunciaban a los ya fallecidos diskettes.

En ese mismo año, Julio Cortazar publica "Todos los fuegos el fuego", libro de cuentos que incluye el relato La autopista del sur. Ese texto cuenta un colosal embotellamiento en la autopista entre Fontainebleau y París. El atasco se extiende durante varios días, al punto de crear las condiciones para que se vaya estructurando una pequeña comunidad de viajeros en la que saldrán a la luz las grandezas y miserias de sus integrantes.

Casi medio siglo después la fábula de Cortazar se torna real en China, donde un monumental embotellamiento lleva ya diez días y amenaza con prolongarse. Según la información de agencias noticiosas internacionales, la situación se originó por la construcción de un camino en Beijing que no se completará sino hasta mediados del mes próximo.

Una fila interminable de vehículos que alcanza los 100 kilómetros avanza a poco más de un kilómetro por día.

Los automovilistas atascados pasan el tiempo durmiendo, caminando por los alrededores o jugando a los naipes o al ajedrez.

Mientras tanto, los aldeanos locales se han hecho literalmente su agosto vendiendo fideos de cocción inmediata, almuerzos y bocadillos, ofreciendo su mercancía en bicicleta entre los vehículos estacionados.

¿La realidad se copia o la fantasía es visionaria?






jueves, 29 de julio de 2010

Las puertas que se abren en los textos fantásticos




En la entrada anterior nos referíamos a dos textos (literario y audiovisual, respectivamente) de claro signo existencialista.
Esa marca se las daba su esencial preocupación por las personas, incluso de aquellas cuya existencia real podría ocasionar controversias.
Los protagonistas de “Niebla” y “Más extraño que la ficción” valen por sí mismos y no como engranajes de una compleja construcción literaria o social. Su pura existencia determina su esencia y no al revés. El existencialismo parte de la convicción de que los individuos son libres y responsables de sus actos. La existencia se degrada o pierde autenticidad cuando la libertad se pierde. Y contra esa posibilidad de rebelan los personajes de la novela y el filme en cuestión.
Más allá del realismo que honren, las historias nos convocan o no por la voluntad de inmersión ficcional que despiertan en nosotros.
La decisión de zambullirnos en un relato obedece claramente a la novedad y originalidad de la propuesta, la ceatividad del argumento, la formulación estilística, la adecuada caraterización de los personajes, el atractivo de los escenarios, etc. Pero también al grado de involucramiento que predispongan y a la capacidad de ensoñación que activen en nosotros, aspectos relacionados de modo indisoluble.
“Entramos” en un relato cuando las puertas apenas entornadas que nos pone delante constituyen invitaciones imposibles de desdeñar. Estos umbrales irresistibles se ofrecen como vías de acceso a respuestas que estamos buscando, conocimiento que necesitamos, orientación que nos falta, caminos alternativos a los que venimos siguiendo o, simplemente, deleite que el espíritu nos reclama.
Y nada impide que esos accesos se manifiesten en los relatos fantásticos tanto como en los de cuño realista. Por eso, los protagonistas de “Niebla” y “Más extraño que la ficción” pueden ser espejos en los que la mirada se detiene reflexivamente.



Ensoñación antes que desciframiento
En su libro “El arte de la lectura en tiempos de crisis”, la francesa Michèle Petit apunta que lo más esencial de la lectura no es el desciframiento de los textos, sino el trabajo de ensoñación que produce el pensamiento precisamente cuando se levanta la vista del libro (o de la película, en uno de los casos).
Ese instante de interrupción de la lectura adquiere un valor casi fundante en la relación del lector con la obra. Es el momento en que se esboza una poética discreta, durante la cal surgen asociaciones inesperadas.
Por un lado, la reflexión nos lleva a considerar la intervención del lector para completar la obra con el aporte de su imaginación. Y, por otro, puede conducir a los autores a intentar prever esos movimientos de modo de administrar el texto con arreglo a esos momentos en los que la vista se levanta y volverlo así más eficaz.
Cerramos con un pasaje del texto de Petit: “Algunas lecturas abren la puerta hacia lugares distintos y hacia momentos de ensoñación que permiten construir un país interior, un espacio psíquico, y apuntalar el proceso de autonomización, la construcción de una posición de sujeto. Pero también la lectura hace posible un relato: leer permite que se desencadene una actividad narrativa y se creen enlaces entre los eslabones de una historia, entre quienes participan de un grupo y a veces entre universos culturales. Sobre todo cuando esta lectura ofrece no un calco de la experiencia de cada persona, sino una metáfora ”.
Entonces lo fantástico se valida más allá de cualquier cuestionamiento posible.

viernes, 23 de julio de 2010

Dos historias de personajes en busca de su autor

En “Niebla”, el español Miguel de Unamuno nos ofrece el retrato de Augusto Pérez, un personaje apocado cuya vida ha transcurrido siempre a la sombra de la figura materna. Ahora que la madre ha muerto, ese hombrecito gris no tarda en enamorarse de la mujer que tiene más cerca: la empleada doméstica. Para su infortunio, la muchacha no le corresponde. Más aún, decide irse a vivir con su novio. Esto hunde al protagonista en un desasosiego en el que surge la idea del suicidio. Augusto recuerda entonces un ensayo sobre el suicidio escrito por un profesor universitario. También repara en el hecho de que, al leerlo, se prometió que visitaría al autor si alguna vez quitarse la vida rondaba por sus pensamientos.
Cuando el despechado muchacho lo hace, nos enteramos que el escritor
es el propio Unamuno. El autor le revela que en ese momento está escribiendo una novela en cuya trama Augusto ha perdido trascendencia como protagonista, razón por la cual ha tomado la decisión de matarlo.
Pérez no acepta las explicaciones del escritor; él quiere vivir y le recrimina a Unamuno su pretensión de demiurgo. Al volver a su casa ya ha resuelto no suicidarse.

Esa misma noche, sin embargo, fallece a consecuencia de una indigestión.

“
Niebla” fue escrita en 1907 y publicada siete años más tarde. Se convirtió en una novela pionera al plantear la ruptura con el patrón que guiaba los textos representativos de la época del realismo.
Casi un siglo después se estrena una película profundamente deudora de aquel argumento de Unamuno. Su título es “Más extraño que la ficción” y fue escrita por Zach Helm, dirigida por Marc Forster e interpretada por Will Ferrell, Maggie Gyllenhaal, Emma Thompson y Dustin Hoffman.
El filme nos presenta a un rutinario empleado fiscal que comienza
a escuchar una voz femenina, la cual describe lo que él hace, como si se tratara de un personaje literario. El atribulado sujeto escucha pero no puede hacerse oir y se desespera cuando la voz le revela que su muerte es inminente.
En medio de peripecias llega a discernir que aquella mujer que relata su historia es una reconocida escritora, en cuyos libros el protagonista siempre muere. Cuando logra ponerse en contacto con ella consigue incluso leer el borrador de la novela y se convence de que está ante una obra magistral que no puede resolverse de otro modo que con su fallecimiento.

Finalmente, la escritora advierte que no puede matar a un hombre de la integridad de su protagonista y, aunque su novela deje de pertenecer al grupo selecto de las obras magníficas, decide reescribir el final y perdonarle la vida.

Los dos textos nos abisman en territorios fantásticos. Pero ambos, existencialistas como son, también constituyen plataformas más que atractivas para mirarnos y buscar signos que nos confirmen la identidad o que echen luz sobre nuestras alienaciones.

En el próximo posteo desarrollaremos esta tesis. Hasta entonces.

miércoles, 9 de junio de 2010

La fuga de la realidad


Mario Vargas Llosa teoriza que el viaje de los seres humanos hacia un mundo inventado obedece a su necesidad de evadirse de una realidad que los asquea.

Al aplicar esa tesis a la obra de Juan Carlos Onetti, el peruano asegura que eso se hace evidente ya en El pozo, un texto de 1939, en el que el protagonista utiliza la ficción para combatir sus neurosis.

Vargas Llosa lleva el planteo incluso más allá cuando sostiene que “el novelista de la frustración y de la fuga de una realidad detestable en aras de la fantasía es muy representativo de la América latina del fracaso y del subdesarrollo. No es caprichoso divisar detrás del mundo de derrotados, pesimistas, evadidos mentales, fantaseadores enloquecidos y marginados de toda índole que pueblan sus ficciones, una sociedad a cuya inmensa mayoría las decepciones, derrotas y frustraciones que les inflige la realidad induce a volar en el ensueño hacia la irrealidad[1]”.

Cuarenta años más tarde de que Onetti comenzara a edificar universos ficticios a fin de encontrar un lugar alternativo y menos asfixiante que la realidad, Carlos Trillo y Horacio Altuna reinciden en el procedimiento.

Surge así una historieta dedicada a las ensoñaciones de un hombrecito gris, cuyo mayor (y probablemente único) mérito sea participar con su apellido en el título de la publicación: Las puertitas del Sr. López.

La Argentina aún vivía bajo los rigores de un regimen dictatorial sanguinario y oscurantista, lo que confería al texto gráfico una dimensión que trascendía la triste figura individual de su protagonista.

López es un personaje a quien constantemente ignoran o, peor aún, humillan sus jefes, compañeros de trabajo y, particularmente, su esposa. En ese contexto irrespirable, López encuentra un modo de evasión al abrir la puerta de cualquier baño. Atravesar ese umbral supone ingresar a un mundo más grato en el que puede ejercer de gladiador heroico o convertirse en un seductor irresistible de mujeres esculturales.

Mientras el Eladio Linacero construido por Onetti posee una ínsita acritud, López solo exhibe una docilidad resignada, incapaz de otra rebeldía que esas fugaces escapadas que ni siquiera terminan bien.

Sabemos que sus huidas fantásticas no nos proponen comportamientos ejemplares, pero ambas obras ofrecen la clara denuncia de unas existencias degradadas.


[1] Vargas Llosa, M.: El viaje a la ficción. Alfaguara. Buenos Aires, 2009. Pág. 230.